Los proyectores no tienen el volumen de mercado de sus mayores competidores, los televisores, pero persisten con el paso de los años como una alternativa efectiva para los que quieran recrear la emoción de contar con un cine propio en casa.
Su portabilidad vuelve a estos dispositivos en un gran aliado de los empresarios, que tienen que hacer presentaciones en sus lugares de trabajo, ante clientes o aprendices.
Hasta hace algunos años, los proyectores tenían un coste restrictivo para diversos niveles sociales, pero hoy se pueden adquirir por valores inferiores a los aparatos de TV LED o LCD de gran tamaño.
Las cuestiones a considerar en el hogar, más allá del diseño o la portabilidad, son la resolución de la imagen y la luminosidad, que se mide en ANSI lúmenes.
Dicha variable está vinculada con la probabilidad de oscurecimiento absoluto así como por el tamaño de la superficie sobre la cual se proyecta. En el caso de un hogar, que se puede oscurecer, alcanza a partir de los 1.000 ANSI lúmenes.
Mientras que si el proyector se utiliza en el trabajo, donde se se hace difícil, en determinados casos, el oscurecimiento del lugar donde se emitirá la imagen, será necesario disponer de 1.500 ANSI lúmenes o más.
Otro aspecto clave es la calidad de la imagen. En este sentido, el contraste toma importancia: es el valor que da cuenta de cómo se verán los blancos o negros absolutos.
En proyectores para usar en casa, deben oscilar los 2000:1 para ver películas. No obstante, en oficinas, donde priman las presentaciones en PowerPoint, no se precisa más de 600:1.
Los compradores tienen que tener en cuenta el cuidado de la lámpara del proyector. Es que el precio de la reposición de este elemento puede alcanzar una proporción alta respecto del valor total del proyector. Para proteger este elemento esencial, se deberá respetar el ciclo de enfriamiento normal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario